El embarazo es una etapa en la que se producen muchos cambios en el cuerpo de la mujer, y algunos de ellos pueden afectar a la visión. ¡A continuación, te explicamos cuáles son!
La mayoría de los problemas visuales relacionados con la gestación se deben a los cambios hormonales. Los altos niveles de progesterona producen menos cantidad de lágrimas y, por tanto, mayor riesgo se sufrir el síndrome del ojo seco. Este se caracteriza por un enrojecimiento de los ojos, fotofobia, picor, escozor y/o cansancio ocular. Para reducir esta sequedad es recomendable lubricar los ojos, usar gafas en vez de lentillas y tomar alimentos con un alto contenido de ácidos grasos omega-3.

Por otro lado, el aumento de los estrógenos puede ser el responsable de sufrir fotofobia o visión borrosa. Si la visión borrosa va acompañada de otros síntomas, puede ser indicativo de una complicación gestacional como la preeclampsia o la diabetes.
Otro de los problemas visuales asociado a los cambios hormonales es la miopía leve y, generalmente, transitoria. Esta pérdida leve de visión suele aparecer tras el primer trimestre y desaparece poco a poco en el posparto, entre las semanas 6 y 8. Pero si la embarazada ya tenía miopía previamente, los cambios que se produzcan en su graduación pueden llegar a ser permanentes.
También se producen cambios en la presión intraocular, ya que la presión interna del ojo disminuye en el segundo y tercer trimestre de gestación.
La aparición de cuadros de migraña es otro problema visual común, ya que durante la gestación los ojos se vuelven más sensibles a los estímulos que desencadenan los dolores de cabeza.
Otros factores que afectan a la visión en el embarazo son la existencia de patologías previas. La diabetes, por ejemplo, aumenta el riesgo de sufrir retinopatía diabética. Se trata de una enfermedad de la retina en la que los vasos sanguíneos se dañan debido al aumento de la glucosa en sangre, provocando la pérdida de visión.
La buena noticia es que, después del parto o la lactancia, todo vuelve a la normalidad y estos problemas desaparecen. Pero si afectan a tu vida cotidiana acude a tu óptico-optometrista para que te recomiende lágrimas artificiales o cualquier otra solución adaptada a tus necesidades.
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