Verano en casa: la estética costera que funciona incluso lejos del mar

Hay una idea que se apodera de nosotros cada verano: la de vivir un poco más despacio. No se trata de cambiar de ciudad o de escaparse a una casa frente al mar, sino de transformar la manera en que se habita el espacio cotidiano. Quizá por eso, cada año reaparece una estética que parece reservada a segundas residencias pero que, sin embargo, funciona en cualquier entorno: la decoración de inspiración costera.

No hablamos de convertir el salón en una postal marítima. Tampoco de llenar estanterías de conchas, cuerdas o rayas azul marino. La versión contemporánea de este lenguaje decorativo tiene menos que ver con representar el mar y más con reproducir sus efectos: luz, calma, amplitud y una cierta sensación de sosiego.

La decoración veraniega inspirada en la costa parte de una observación sencilla: los espacios junto al mar suelen sentirse más ligeros. En parte por la arquitectura, en parte por la luz, pero también porque allí se acepta una idea que en la ciudad cuesta más asumir: no todo tiene que estar lleno.

Una casa de costa bien resuelta deja respirar las superficies. Hay menos acumulación, más distancia entre objetos y una relación distinta con la funcionalidad. Una mesa no necesita estar completamente ocupada para parecer terminada. Una pared puede permanecer casi vacía y una simple ventana puede convertirse en protagonista. Esa sensación puede trasladarse a cualquier vivienda.

Así, el primer recurso que nos puede ayudar a conseguir ese efecto es el color. Para ello lo mejor no es apostar por el blanco absoluto, sino por una gama de neutros cálidos: arena, hueso, piedra, marfil, cal apagada. Tonos que reflejan la luz sin endurecer el espacio. Sobre esa base podemos utilizar acentos discretos –azules empolvados, verdes olivas suaves, terracotas desaturados…- , colores que recuerden el paisaje costero sin describirlo literalmente.

Otro recurso son los materiales. Un hogar veraniego se construye también a través de la textura: linos arrugados que no buscan perfección, algodones lavados, maderas claras o ligeramente envejecidas, cerámicas mate, vidrios translúcidos o fibras vegetales que filtran la luz y aportan volumen sin peso visual.

Finalmente está la cuestión del ritmo. El estilo costero introduce una especie de versión emocional del espacio donde se busca conservar lo que aporta bienestar y retirar lo que genera ruido. No es minimalismo estricto; es una forma más relajada de seleccionar.

by @soyunadecolover

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