Mitos y verdades sobre las gafas graduadas

Las gafas graduadas han dejado de ser una herramienta de corrección de la visión para convertirse en un accesorio de moda, una seña de identidad e incluso una declaración de estilo. Sin embargo, alrededor de ellas siguen circulando infinidad de creencias que vamos a explicar para descubrir qué hay de cierto en ellas.

Llevar gafas hace que la vista se acostumbre y empeore: Falso

Es probablemente la afirmación más repetida. Muchas personas creen que, una vez empiezan a utilizar gafas graduadas, su visión empeora porque los ojos «se acomodan» a ellas.

La realidad es muy diferente. Cuando la graduación es la adecuada, los ojos realizan menos esfuerzo para enfocar. Esto puede disminuir síntomas como el cansancio ocular, el lagrimeo, la sensación de pesadez o incluso algunos dolores de cabeza relacionados con el esfuerzo visual. Además, la evolución de la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo depende de factores genéticos, del crecimiento del ojo o de la edad, no del uso de las gafas. Por eso es tan importante revisar la vista periódicamente y actualizar la graduación cuando sea necesario.

Leer con poca luz estropea la vista: No exactamente

Leer en un ambiente poco iluminado puede resultar incómodo y hacer que los ojos trabajen más para enfocar, pero no provoca daños permanentes ni hace que aparezcan problemas visuales. Lo que sí puede generar es fatiga ocular temporal, molestias o dificultad para mantener la concentración durante largos periodos de lectura.

 

Si ves bien, no necesitas revisiones visuales: Falso

No todos los problemas visuales provocan síntomas evidentes. Y es que algunas alteraciones evolucionan lentamente y el cerebro compensa la pérdida de visión sin que apenas nos demos cuenta. Además, determinadas enfermedades oculares pueden desarrollarse durante años sin causar molestias.

Las gafas con filtro de luz azul son obligatorias si trabajas con pantallas: No necesariamente

Pasar muchas horas frente a una pantalla favorece la fatiga visual debido al parpadeo reducido, la concentración mantenida y el esfuerzo de enfoque. Pero más allá del tipo de lente que utilices, lo aconsejable es hacer pausas frecuentes, ajustar correctamente el brillo de la pantalla y mantener una distancia adecuada de trabajo.

La graduación cambia con el tiempo: Verdad

Nuestra visión evoluciona a lo largo de la vida. Durante la infancia y la adolescencia es habitual que aumente la miopía. Y a partir de los 40 o 45 años aparece la presbicia o vista cansada. Actualizar las gafas cuando la graduación cambia mejora la comodidad visual y evita esfuerzos innecesarios.

 

Cuanto más caras son las gafas, mejor se ve: No siempre

El precio puede depender de numerosos factores: la marca, los materiales de la montura, el diseño o los tratamientos aplicados a las lentes. Lo verdaderamente importante es que las gafas estén correctamente graduadas y que las lentes se adapten a las necesidades de cada usuario. Un buen asesoramiento profesional es mucho más determinante que el precio.

Elegir bien la montura también importa: Verdad

No todas las monturas son adecuadas para todas las personas. El tamaño del rostro, la forma de la nariz, la distancia entre pupilas o el grosor de las lentes influyen tanto en la comodidad como en el resultado estético.

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