Con casi cuarenta años de trayectoria, Rocío Castillo, directora de la Peluquería y Centro de Belleza D´ellas, ha visto cambiar tendencias, técnicas y hábitos de consumo, pero ha mantenido intacta su filosofía: ofrecer un servicio basado en la profesionalidad, la formación continua y la cercanía con el cliente. En la última década, marcada por nuevos desafíos y transformaciones en el sector, D’ellas ha seguido consolidándose como un espacio donde la estética va de la mano con la confianza y el bienestar personal.
En 2016, la vida personal y profesional se entrelazaba de forma especial para Rocío. Fue el año en que su hijo se graduó, un momento inolvidable en el ámbito familiar. Pero también fue un año significativo para el salón: el equipo participó en el desfile Pasarela de Creadores, peinando a las modelos en un evento que sumaba belleza y moda al esfuerzo colectivo por impulsar el Palacio del Infantado como candidato a Patrimonio de la Humanidad. Una experiencia que llenó de orgullo a todo el equipo.
Desde entonces, el sector de la peluquería ha experimentado una transformación notable. La belleza ha dejado de percibirse como algo meramente estético para convertirse en una necesidad emocional. Hoy la peluquería profesional no solo construye imagen, sino también confianza y autoestima.

Los tratamientos capilares han ganado protagonismo y los diagnósticos se han vuelto cada vez más precisos y personalizados. El cliente actual busca asesoramiento experto y servicios que realmente aporten valor. Además, es un consumidor más informado, que compara precios y opiniones antes de decidir. Sin embargo, en medio de esa nueva forma de consumir, se sigue valorando profundamente algo que no se puede sustituir: el trato personal, la experiencia en el salón y la seguridad que transmite un diagnóstico profesional bien fundamentado.
En D’ellas, esa filosofía lleva casi cuatro décadas guiando el trabajo diario. Desde su apertura, el objetivo ha sido apostar por la excelencia en el servicio, no como un simple eslogan, sino como una auténtica cultura de trabajo. El salón trabaja con productos cada vez más naturales, suaves y menos agresivos, elegidos por su eficacia y por su adecuación al diagnóstico individual de cada cliente. De este modo, se refuerza el papel prescriptor del profesional, una figura que consideran esencial dentro del sector.
Otro de los pilares fundamentales del salón es la formación continua del equipo. Mantenerse al día en técnicas, tendencias y conocimiento capilar permite ofrecer un asesoramiento claro, honesto y personalizado. Contar con profesionales implicados y en constante actualización es, desde el punto de vista de Rocío, una de las claves que define la personalidad y la diferencia de D’ellas.
La última década también ha traído desafíos importantes. El mayor de todos fue, sin duda, la pandemia. Aquel periodo supuso un antes y un después tanto en lo profesional como en lo personal para Rocío. La frecuencia de visitas de los clientes disminuyó y obligó a replantear la propuesta de valor del salón. Cada cita debía convertirse en algo más que un simple servicio: una experiencia completa, con mayor calidad, especialización y personalización. Fue un momento difícil, pero también una etapa de adaptación que terminó convirtiéndose en una oportunidad para crecer.
Mirando atrás, para Rocío, más que nostalgia profesional, lo que aparece son recuerdos personales. Sus hijos han crecido y ya han iniciado su propio camino fuera de casa, una etapa que inevitablemente recuerda con cariño. En el ámbito laboral, en cambio, cada año ha sido una oportunidad para aprender y evolucionar. Con el paso del tiempo —y también con la experiencia que dan los años—ha adquirido una mirada más amplia y serena sobre la profesión.
Esta perspectiva se refleja también en la relación con los clientes. Con el tiempo, la relación trasciende lo profesional y se transforma en un vínculo basado en la confianza, la cercanía y la lealtad. Se conocen los gustos, los estilos y también los momentos importantes de la vida de cada persona.
A menudo, el salón se convierte en algo más que un lugar donde cuidar la imagen. Es un espacio de conversación, de escucha y, en muchos casos, casi terapéutico. Allí se comparten alegrías, cambios vitales, preocupaciones y celebraciones. Esa relación, construida con años de honestidad y coherencia, crea un vínculo profundamente humano. Porque, al final, detrás de cada peinado hay algo más importante: la confianza de quienes se sientan frente al espejo.

Rocío Castillo
Estilista, Medalla de Oro Europea a la imagen
Peluquería y Centro de Belleza D’Ellas
www.peluqueriadellas.com
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