Tener plantas en casa es una de las formas más sencillas de llenar cualquier espacio de vida. Sin embargo, cuando una planta empieza a amarillear o pierde fuerza, solemos pensar que le falta agua. Y, curiosamente, muchas veces ocurre justo lo contrario.

Regar parece una tarea sencilla, pero existen errores muy comunes que pueden afectar seriamente a la salud de nuestras plantas. Si quieres que luzcan verdes y fuertes durante todo el año, evita estos cinco fallos.
1. Regar por rutina, en lugar de observar la tierra
Uno de los errores más habituales es establecer un calendario fijo: «todos los lunes» o «cada tres días». La realidad es que las necesidades de agua cambian según la estación, la temperatura, la humedad o la cantidad de luz que recibe la planta.
Antes de coger la regadera, introduce un dedo unos centímetros en el sustrato. Si todavía está húmedo, es mejor esperar. La tierra es siempre el mejor indicador.

2. Regar en las horas de más calor
El momento del día también influye en la salud de las plantas. Regarlas durante las horas centrales, cuando el sol aprieta con más fuerza, favorece una evaporación más rápida del agua, por lo que las raíces aprovechan menos la hidratación. Además, en algunas especies, las gotas sobre las hojas pueden contribuir a la aparición de quemaduras cuando reciben sol directo.
Lo más recomendable es regar a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando las temperaturas son más suaves y el agua puede penetrar mejor en el sustrato.

3. Pensar que más agua significa una planta más sana
El exceso de riego es una de las principales causas de muerte de las plantas de interior. Cuando las raíces permanecen constantemente empapadas, dejan de recibir oxígeno y comienzan a pudrirse.
Las hojas amarillas, los tallos blandos o un aspecto apagado pueden ser señales de que estás regando demasiado. En jardinería, muchas veces menos es más.

4. No prestar atención al drenaje de la maceta
De poco sirve controlar la cantidad de agua si la maceta no permite evacuar el exceso. Sin agujeros de drenaje, el agua se acumula en el fondo y favorece la aparición de hongos y la pudrición de las raíces.
Siempre que sea posible, elige macetas con drenaje y evita dejar agua estancada en el plato durante horas.

5. Regar todas las plantas igual
Una suculenta, un ficus o un helecho tienen necesidades completamente distintas. Mientras algunas especies prefieren que el sustrato se seque entre riegos, otras necesitan mantener cierta humedad constante.
Conocer el tipo de planta que tienes es el primer paso para cuidarla correctamente. No existe una regla universal.
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