lunes , 17 junio 2019
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Todas mis amigas

Sonando: Todas tus amigas (La Casa Azul)

Marco el número de teléfono de mi amiga Sara. Un tono, dos tonos, tres tonos, cuatro. Varios. Cuando estoy a punto de darme por vencida y colgar, responde, por fin, con un inesperado: “¡Qué locura!”

“Qué locura” es la mejor manera en la que me han respondido una llamada telefónica en toda mi vida y lo cierto es que Sara no lo pudo definir mejor: nos conocemos desde hace casi 31 años y aquí seguimos, la una para la otra y la otra para la una. Si eso no es una auténtica y maravillosa locura, que alguien me explique cómo funciona la amistad infinita.

Una tarde, mi amiga Laura estaba muy rara. Era marzo y era el día de mi cumpleaños, y habíamos quedado para cenar todas juntas y no cantar el “Cumpleaños Feliz”. Después de un rato haciendo acrobacias verbales con el objetivo de tener una conversación decente con ella, no lo soporté más y le pregunté qué le pasaba.

Esa noche me regalaron entradas para un concierto, una cazadora y la noticia de que, en nueve meses, sería “tía”. Jamás habría imaginado un regalo más perfecto. ¡Qué noche la de aquel día!

Mi abuelo cayó enfermo y tuvieron que ingresarle en el hospital. Fue su última e improvisada casa. Toda la familia
estuvimos arropándole hasta, literalmente, la extenuación. Mi amiga Mª Ángeles incluida: ella es enfermera, pero durante aquel periodo, le salieron alas y se convirtió en nuestro ángel de la guarda. Los hospitales dejan de ser fríos cuando hay gente que se esfuerza por darles calor. Mi abuelo voló alto y fuerte, más vivo que nunca.

Mis amigas Ana M., Sandra, Ana S. y la misma Sara que hace que la vida sea una locura preciosa, propusieron irnos juntas un fin de semana a Salamanca, así porque sí, sin motivo aparente más que el de regalarnos tiempo y risas. Cada persona es un mundo, incluidas nosotras, y, aunque somos de carcajada fácil, las circunstancias entonces no brillaban like a diamond de Rihanna del mismo modo para las cinco. Pero le pusimos ganas, cantamos a grito pelado “Yo no te pido la luna” e hicimos magia. De regreso, el domingo, volvimos renovadas. No pedimos lunas a nadie pero supimos que cuatro estrellas nos acompañaban.

Mi vuelo dirección Niza está a punto de partir. Viajo sola, algo nerviosa. Durante el vuelo, la única confidencia que consigo es la de la azafata, que me proporciona un bocadillo de queso que termino por comerme sin ganas. Al llegar, me encuentro con Isa, una compañera de la universidad. El encuentro duró varios meses y se llenó de gente, situaciones y experiencias. Conocimos la vida bohemia. Vivir en otro país es gratificante, pero la propia tierra llama, y tira. Qué afortunada fui de que en aquellos momentos Isa se convirtiera en amiga, hermana y familia.

Buenas noticias: ¡mi amiga Violeta se casa! Una boda siempre es motivo de celebración, pero la boda de Violeta, en México lindo, es motivo para tirarse a la piscina haciendo un doble mortal con tirabuzón. Y eso hicimos. Y el salto podría haber salido regular, porque los océanos mediante implican riesgos y algún que otro peligro, pero salté con Ángela, Xiana, Esther y Violeta… Y México supo a tekila y chilorio, y a unión, amor y cariño.

Locas, fuertes, audaces, absurdas. Pacientes, generosas, tenaces, testarudas. Especiales, diferentes, atrevidas. No hay duda: así son mis amigas. Un regalo de la vida, que me llena y que me inspira.

Pronto más regaliz para dos, ¡amigas!

URBAN Style signature: Leticia San Andrés

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