lunes , 16 julio 2018
Home / Urban Signature / Regaliz para dos / Cuando marzo mayea

Cuando marzo mayea

Sonando: Enter Sandman (Metallica)

Tantos días de luz apagada,
frío invierno, noches largas.

Siempre me gustó el mes de marzo. Vale, es el de mi cumpleaños y eso ya le confiere un halo especial, pero, simbólicamente, marzo es un soplo de esperanza para esta alma mía que se marchita en invierno y resurge con los primeros rayos del sol en una especie de fotosíntesis vital.

Qué largo se hace el invierno, qué lento y qué tedioso. El resto de las estaciones duran un suspiro, ¿pero el invierno? Es una cuesta hacia abajo y sin frenos, y no falla uno sin que descarríe yo en esa bajada infernal cuyo destino suele culminar en un océano de lágrimas.

Por eso, cuando llega marzo, con su calor incipiente y su atisbo de primavera, después de haber atravesado lo que pareció un siglo de oscuridad, corro hacia él esperando encontrar el cobijo que me falta y la luz que se había apagado, y voy con tanta fuerza, presa de las ganas y la impaciencia, que a veces sucede que marzo no pasa sino vuela, y convertida a su calor y a sus bonanzas, viene abril con sus vientos y sus aguas, los antiguos miedos y el reflejo de un invierno que había dicho que ya no se quedaba.

Porque marzo es atractivo y peligroso a la misma vez, nos seduce con su encanto y nosotros sucumbimos, embriagados por su aroma, a los encantos de él… Y vulnerables y desvalidos, nos hallamos tendidos, abandonados, dispuestos a su merced.

Es mi intención prevenirte,
no te dejes convencer:
Este no es el sol que más calienta,
no es el día que la noche ahuyenta.
Porque cuando marzo mayea,
algo tiene que decirnos,
algo tiene que esconder.

Pronto más regaliz para dos, amigos.

URBAN Style signature: Leticia San Andrés

Echa un vistazo a

Regaliz para dos: TO ME, I’M PERFECT

No sé si es obligatorio que llegue febrero para celebrar un día el amor, de hecho ya me rechina que "un día" haya que celebrar el amor en honor a un santo; en cualquier caso, no vengo yo a hablar de sanvalentinadas sino del amor en sí, que, se supone, es la verdadera esencia de tal parafernalia instaurada a su alrededor.