miércoles , 22 noviembre 2017
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Control de la presión intraocular. Prevención del glaucoma

El glaucoma es una enfermedad ocular compleja que cursa con múltiples factores y características específicas, como daño del nervio óptico y pérdida del campo visual.

Aunque el aumento de presión dentro del ojo generalmente está presente, los pacientes con PIO dentro del rango normal también pueden desarrollar glaucoma. No existe un nivel específico de presión ocular elevada que necesariamente lleve a desarrollar glaucoma; y a la inversa, no existe un nivel inferior de PIO que elimine de manera absoluta el riesgo que tiene una persona de presentar glaucoma. Es por ello que la prevención y el diagnóstico y tratamiento tempranos son la clave para evitar la pérdida de la visión. Una de las pruebas indicativas de posible lesión del nervio óptico es la medición de la presión intraocular. Hoy en día hay diferentes maneras de medirla, y todas de ellas suficientemente fiables.

La PIO se mide en milímetros de mercurio (mm Hg). Y la cantidad normal varía entre 12 y 22 mm/Hg. Cuando la PIO es superior a los valores normales pero la persona no muestra signos de glaucoma, esto se denomina hipertensión ocular.

Una presión ocular elevada por sí sola no provoca glaucoma. Se deben valorar otros factores y relacionarlos para diagnosticarlo. Sin embargo, la PIO es un importante factor de riesgo. Los individuos que hayan recibido un diagnóstico de presión ocular elevada deben someterse a exámenes visuales integrales y periódicos a fin de controlar la presencia de signos que indiquen la aparición de glaucoma. Y si es necesario tratar la PIO con medicación.

Hace tiempo, los profesionales solían referirse a una persona con PIO elevada como sospechosa de glaucoma debido a la conclusión de que la presión ocular alta pudiera causar glaucoma. Sin embargo, la sospecha de glaucoma en la actualidad se asocia a un individuo que presenta un hallazgo que, potencialmente, podría indicar glaucoma ahora o en el futuro. Por ejemplo, la presión intraocular elevada, un nervio óptico sospechoso, o antecedentes familiares.

En la mayoría de los casos, la pérdida de la visión generalmente ocurre cuando la PIO es demasiado elevada y daña el nervio óptico. Todo el daño que se produzca será irreversible. En las personas con glaucoma, la visión periférica es lo primero que se ve afectado. El gran peligro de esta enfermedad es que mayoritariamente es asintomática y que los cambios en la visión son tan graduales que no se advierten hasta que ya se ha producido una gran pérdida de visión.

Con el tiempo, si no se trata el glaucoma, la visión central también se verá afectada, disminuirá y luego se perderá; esta es la evolución que se advierte con mayor frecuencia en la ceguera debida al glaucoma. La buena noticia es que hoy en día es posible controlar el glaucoma si se detecta de manera temprana. Además, con tratamiento médico y/o quirúrgico, la mayoría de las personas con glaucoma no perderán su visión.

Si usted se encuentra en el grupo de riesgo para desarrollar glaucoma, debe acudir a un especialista para realizar un examen ocular completo anualmente a partir de los 35 años. Si ya le han diagnosticado el glaucoma, es importante que siga las instrucciones de su oftalmólogo y sea meticuloso con el tratamiento que se le indique.

 

Antonio García

Óptico optometrista en Anfer Óptica

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